**Floralis Genérica**
Ir más allá
La concepción tridimensional de esta obra ambiental va más allá de su símbolo y foco: la flor. Se extiende a todo el espacio verde de cuatro hectáreas rodeado por una frondosa arboleda, a la tierra esculpida sensualmente, a un espejo de agua, de cuarenta y cuatro metros de diámetro, a través del cual la flor se asoma inclinada, como gesto de humildad. También, a sus sinuosos senderos que guían a los espectadores con el propósito de enriquecer su percepción visual. Incluye, a la vez, un sereno paisaje, irrigación automática, a iluminación tangencial de los senderos, de una cascada y de la flor.El arte escultórico deja de ser un objeto para integrarse con el lugar, con la naturaleza y el entorno urbano. Cambia así su entropía, su escala, su concepción, su estructura, sus materiales y su tecnología.
¿Cómo nació la flor? ¿Cómo se definió su nombre?
Hacía tiempo que deseaba concebir una estructura móvil que se abriera, se cerrara o se expandiera. No aspiré a mi máximo ideal de transformación, el proyectar una estructura como si fuera una oruga que se convierte en mariposa.Un atardecer de verano, trabajando en mi jardín de invierno, un prisma de vidrio de tres pisos de altura, noté que una gran flor roja de la especie Hibiscos comenzaba a cerrarse. Me senté y, sin saber por qué, dibujé una flor geométrica concebida para ser construida a una gran escala. Su arduo y largo trayecto serán narrados luego de la inauguración.El nombre, fiel al latín, nació al expresar su origen, como síntesis de todas las flores. Al presentar Floralis Genérica en la Academia Nacional de Bellas Artes adopté una narración que repetiré:En el proceso de elegir el nombre de esta prolífica madre he consultado a sus hijos, crisantemos, malvones y madreselvas, a flores silvestres y de invernadero, a tulipanes, orquídeas, violetas y girasoles, a flores de cien frutales y abejas, picaflores y mariposas. Fueron estos tres intrépidos exploradores de la naturaleza los que me han brindado el más sabio consejo. Al exponer jardines y praderas tienen una amplia visión de la flora; al buscar polen o néctar ven en todas las flores la imagen de una flor genérica. En su homenaje a la naturaleza refleja en sus pétalos brillantes las imágenes de esta, pero, como buena artista, no las imita sino que las interpreta.Ninguna de ellas se repite, todas se fragmentan por la separación de pétalos. La realidad es así transformada en abstracción. [...] Los días de neblina esfumará su imagen como si ésta fuera una reminiscencia, al amanecer reflejará la luz amarilla y tenue al sol o ruborizará sus mejillas seducida por la luz rojiza de los ocasos.A la noche recogerá con lentitud sus pétalos para dormir bajo un cielo luna o sin estrellas.

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